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ORIGEN

El Siervo de Dios Félix de Jesús Rougier, obedeciendo a un especial llamamiento divino, fundó nuestra Congregación bajo la protección de Santa María de Guadalupe, el 25 de diciembre de 1914, en el Tepeyac, ciudad de México.

San Pío X reconoció nuestro carisma y, por la misión que el Señor confiaba a la Congregación, nos dio el nombre de Misioneros del Espíritu Santo, “que es todo el programa de nuestra vida religiosa y sacerdotal”.

La Iglesia aprobó el instituto y sus Constituciones el 12 de diciembre de 1939 y nos asiste con solicitud para que crezcamos y demos fruto por la fidelidad al carisma fundacional.

Nuestra Congregación es un Instituto religioso clerical de derecho pontificio, cuyos miembros pueden ser sacerdotes, diáconos permanentes o hermanos coadjutores.

Somos una de las cinco Obras de la Cruz, que nacieron en la Iglesia por iniciativa de la Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida, y fueron aprobadas por la Sede Apostólica gracias al celo pastoral del Venerable Mons. Ramón Ibarra y González, primer Arzobispo de Puebla, México.

ESPIRITU

Por voluntad divina, los Misioneros del Espíritu Santo hemos sido llamados como religiosos a seguir radicalmente a Cristo Sacerdote y Víctima, con el propósito de transformarnos en El y compartir sus sentimientos sacerdotales, animados de sus mismas cualidades y virtudes: amor, pureza y sacrificio.

MISION

Nuestra misión es la misma de Jesús, que fue enviado para salvarnos y santificarnos por el don de su Espíritu.

Como apóstoles del Espíritu Santo y de la Cruz, somos enviados a promover en todo el Pueblo de Dios la santidad, según nuestro espíritu: así extenderemos el reinado del Espíritu Santo.